
Si el volante se desplaza cuando lo giras con fuerza, todo lo demás da igual. Las razones son dos y las dos importan:
Cómo comprobarlo: siéntate, agarra el volante con el simulador cerrado y tira de él con fuerza hacia ti y hacia los lados. Si algo se mueve o cruje, ahí tienes el primer trabajo.
Soluciones por orden de coste: apretar todos los tornillos y añadir escuadras; anclar la mesa a la pared; pasar a un chasis dedicado. Y si el problema es el tablero de la mesa, una tabla rígida bajo la base reparte el esfuerzo y arregla mucho por poco dinero.
La referencia es la de un coche de carreras real, y tiene tres puntos de apoyo que deben cumplirse a la vez:
Prueba rápida de que el volante está a la distancia correcta: con la espalda pegada al respaldo, apoya las muñecas en la parte alta del aro. Si llegas con la espalda apoyada, está bien.
Y el detalle que más gente pasa por alto: el volante debe quedar centrado con tu cuerpo. Un par de centímetros desviado y en tandas largas se nota en el cuello y en la espalda.
No hay números universales porque dependen de tu altura, pero sí hay relaciones que funcionan:
Consejo: ajusta todo con el freno pisado a fondo, no con el pie relajado. La postura real de conducción es la de frenada.
Un pedal de freno con célula de carga necesita que empujes de verdad: entre veinte y cuarenta kilos de fuerza según cómo lo tengas configurado. Eso tiene consecuencias en el montaje que la gente descubre tarde:
Y una calibración que merece la pena: ajusta la fuerza máxima del freno para que tu 100 % sea una presión que puedas repetir cansado, no la máxima que puedes hacer una vez. Si tienes que apretar al límite en cada frenada, en veinte minutos estás roto y frenas peor.
Tres reglas:
Si usas tres pantallas, además hay que anclarlas para que no se muevan de ángulo: si cambian de posición, el ajuste del simulador deja de corresponder y las referencias se desplazan.
Prueba definitiva de que el puesto está bien: una tanda de una hora sin necesidad de recolocarte. Si a los quince minutos te mueves en el asiento, hay algo por ajustar.
Solo si vas a usar una base potente. Con volantes de correa o engranajes, una mesa maciza bien elegida aguanta perfectamente. Lo que no vale es un tablero fino que flexa.
La de GT —sentado más erguido, volante más alto— es más cómoda para tandas largas y más parecida a lo que conduces si corres con GT3. La de fórmula, más tumbada, cansa menos los brazos pero requiere un asiento adecuado.
De forma que, con los brazos apoyados en el aro y la espalda en el respaldo, los codos queden ligeramente flexionados y las muñecas puedan llegar a la parte alta del volante sin despegar la espalda.
Cansarse un poco sí. Dolor de cuello, de espalda baja o de antebrazos, no: eso indica postura mal ajustada o demasiada fuerza en el volante.
Cómo trocear los 20,8 km, dónde se pierde el tiempo de verdad y los cinco tramos que deciden la vuelta.
Leer →Dónde se adelanta de verdad, cómo preparar el movimiento una curva antes y cuándo toca levantar.
Leer →Banderas, pit lane, salida lanzada y las tres normas que evitan el 90 % de los incidentes.
Leer →Una tanda de una hora en el 24/7 te dice más de tu postura que cualquier medida sobre el papel.