
Cuando reduces de marcha, el motor pasa a girar más rápido de lo que giraba. Si sueltas el embrague sin más, la diferencia se resuelve por la fuerza: el motor frena las ruedas motrices de golpe.
En un coche de tracción trasera, en plena frenada y empezando a girar, eso es exactamente el peor momento posible. El eje trasero ya va descargado por la transferencia de peso; añadirle una frenada brusca y desigual es la receta del trompo.
Punta y tacón resuelve eso: das un toque de gas mientras frenas, para que el motor ya esté girando a las vueltas que le tocan cuando sueltes el embrague. El acoplamiento se hace suave y el coche no se entera.
Ocurre todo a la vez y por eso parece difícil. Descompuesto:
La clave que más se falla: la presión de freno tiene que mantenerse constante durante todo el gesto. Si al dar gas aflojas el freno, has cambiado tu punto de frenada sin querer y llegarás largo.
Intentarlo directamente a ritmo es garantía de frustración. Esto funciona:
Cómo saber si lo estás haciendo bien: escucha el motor y mira el coche. Bien hecho, no hay tirón al soltar embrague y la aguja sube al valor de la nueva marcha sin salto. Mal hecho, notas una sacudida y la trasera se mueve.
Ayuda mucho ajustar la altura del pedal de acelerador para que quede cerca del freno: si están muy separados, el gesto es incómodo por geometría, no por falta de técnica.
Donde sí importa mucho: coches de calle y clásicos con caja manual, y especialmente los de tracción trasera con motor grande. Ahí la diferencia entre hacerlo y no hacerlo se ve en la telemetría y se siente en el volante.
Cuando el gesto salga sin pensarlo, el siguiente paso natural es el trail braking: los dos ocurren en la misma zona de la curva y se complementan.
Con caja secuencial o de doble embrague, no: el coche gestiona el acoplamiento. Hace falta en coches con caja manual y embrague, que en un simulador con variedad de vehículos son bastantes.
El gesto completo necesita tres pedales. Sin embrague puedes hacer la parte útil —dar un toque de gas al reducir— y ya notarás el coche más estable.
Por sí mismo apenas da tiempo. Lo que da es estabilidad en la entrada, y eso te permite frenar más tarde y confiar en el coche, que sí es tiempo.
Porque en coches antiguos los pedales estaban colocados de forma que se frenaba con la punta del pie y se daba gas con el tacón. Hoy suele hacerse con la punta en el freno y el lateral del pie en el acelerador.
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